Ensayo| La política del discurso y la ciudadanía racional




Luis David Socorro, es un estudiante nacido el 26 de Agosto de 1998 en el Estado Zulia, Venezuela. Proveniente de una cariñosa familia, ha aprendido el verdadero valor de la empatía, la persistencia y el compromiso social. A los 15 años de edad, trasladó su vida hacia el Estado de Nuevo León, México. Actualmente, es residente en el país tequilero.

Se ha destacado por su sentido de liderazgo y proactividad en áreas de Crecimiento Social, Análisis Político, Investigación y Resolución de Problemas dentro del área pública y privada. Ha colaborado con diferentes asociaciones civiles locales en la búsqueda de mejores oportunidades de desarrollo ciudadano.

Es autor de más de treinta artículos de opinión disponibles en la plataforma “Despertar Juvenil”, espacio dedicado al análisis de temas de Política, Cultura y Sociedad. Se ha destacado por haber sido nombrado “Diputado Juvenil” en el 12° Parlamento de la Juventud organizado por el Congreso del Estado, promoviendo así leyes en beneficio del Sector Social, Transparencia y Cultura de la Legalidad. Además, ha sido galardonado con múltiples reconocimientos por su participación y organización de numerosos Modelos de Naciones Unidas en México y en Venezuela. 

Actualmente, es estudiante de Licenciatura en Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Nuevo León, Presidente de la Federación Universitaria “Hagámoslo Bien. Capítulo UANL” y promotor de la Cultura de la Legalidad y respeto a los Derechos Civiles y Políticos entre la ciudadanía neoleonesa.



La política del discurso y la ciudadanía racional

No cabe duda, que entre los autores más destacados del Siglo XX en el dominio de las Ciencias Sociales y las Humanidades se encuentra el profesor alemán Jürgen Habermas. Además de ser reconocido dentro del área de la investigación en diferentes asignaturas, Habermas ha logrado participar de manera influyente en la conformación de un nuevo paradigma en el ámbito científico y social: La acción comunicativa. Dicho paradigma, de acuerdo a diversos investigadores como Thomas Kuhn, ha significado una verdadera revolución en el modo cotidiano de explicar los fenómenos sociales, y ha contribuido a repensar un sinfín de cuestiones y situaciones sociales que se llegan a presentar en las anteriormente mencionadas áreas.

Con todo esto, se pretende analizar desde un sentido general (hacia lo particular) uno de los fenómenos sociales que más se encuentra presente en la ciudadanía: La Política Discursiva; Se va a analizar cómo (utilizándola de manera correcta y asertiva) puede ser un parte-aguas de los preceptos políticos establecidos, y cómo puede llegar a ser un motor rector para la resolución de consecuentes fenómenos sociales.
Partiendo del hecho universal que “todos los seres humanos gozamos de libertad de expresión” (Declaración Universal de los Derechos Humanos. ONU), se considera sumamente alarmante el hecho que éste no está siendo utilizado de manera razonada y, por el contrario, se ha optado por la búsqueda de la distracción mediática para la omisión del mismo. “¿Por qué sucede esto? ¿Cómo podemos recuperar el rumbo de nuestro raciocinio discursivo?” Son algunas preguntas que se buscan reflexionar…


El Discurso Razonado por Naturaleza

Todo ser humano posee (por naturaleza) un uso de la razón que se espera sea utilizado en virtud de su desarrollo y trascendencia colectiva. Este principio de “razón para trascender” suele ser frecuentemente tergiversado por diferentes factores internos y externos que terminan en vicios sociales e ideológicos. Por esto, se considera que la ciudadanía se encuentra en una perpetua búsqueda del verdadero significado del “uso de la razón” colectiva. Cabe destacar el hecho que “el uso público de la razón” no significa solamente su uso social o colectivo (como el que puede ser ejercido en toda corporación, profesión u orden jerárquico); Significa mas bien el acceso sin restricciones a la deliberación, a la no exclusión “a priori” de personas por motivos ideológicos, ni exclusión de temas de interés general con independencia de su complejidad real o aparente. (Sahui, A. 2011).

Con regularidad, la ciudadanía subestima las capacidades de sus partes al momento de establecer algún tema de interés político (o comunicativo, en general), por el prejuicio de ellos no conocer el contexto que se sitúan y no ser capaces de comprender lo mencionado. La subestimación humana es uno de los peores vicios en lo que podemos caer como sociedad. Si se busca una mayor trascendencia política y social, debemos comenzar a aplicar una fusión de los aprendizajes Kantianos enfocados al uso de la razón y el Ser, y la “Ética del Discurso”, planteado por Habermas.
El ser humano, en un principio, se encontrará en contra de los cuestionamientos lógicos de sus partes debido al pasado salvaje que la comunicación política ha tenido y las repercusiones sociales que han trascendido. Sin embargo, como “hablando se entiende a la gente”, el primer (y más difícil) paso personal es aceptar esa cercanía con las partes y hacer a un lado ese egoísmo ideológico individual que nos impide trascender de manera íntegra.


América y la Política Discursiva

En el ámbito regional, siempre se ha considerado sumamente interesante la manera que nosotros, los americanos, tomamos las decisiones. Tal vez sea por una cuestión histórica, pero nuestra ciudadanía se ha caracterizado por la asunción de una decisión como algo necesario (incluso “per se”) sin detenernos a dialogar si ello es completamente necesario. Parece irónico, pero las decisiones políticas inician como una promesa de cercanía hacia la ciudadanía, y terminan siendo olvidadas por sus propulsores.

Como si fuera un efecto dominó, la falta de diálogo ente las partes en el ámbito político genera movimientos ‘pseudo-revolucionarios’, que buscan alzar la voz de esas mentes maniatadas y censuradas. Se hace mucho énfasis en la palabra ‘pseudo’, ya que con mucha frecuenta éstas carecen de una verdadera bandera de causa y muchas veces lo encabezan demagogos resentidos con un sistema que les traicionó.

Muchas personas, analistas, comentaristas y líderes de opinión, en general, concluyen frecuentemente que ese descontento político es producido por los gobernantes o líderes sociales en turno, cuando la realidad es que la mayor responsabilidad en ese acto recae en nosotros, por no escuchar a nuestros vecinos, por cerrar nuestros oídos ante la crítica, por crecer bajo un contexto donde nos enseñan que nuestros padres son la voz de la razón y no se les debe cuestionar, que existen veces que ‘hay que tragar grueso y seguir la carreta’. Hemos crecido bajo un sistema social donde la crítica, el diálogo y el discurso están tan subestimados que preferimos asentir sin razón y rechazar a quienes intentan demostrarnos que es necesario salir de esa zona de confort ideológico para comenzar a hacer uso de nuestra razón pública.


El “México Mágico” de la Política Discursiva

Hablar de “política discursiva” en México es hablar (una vez más) de un tema sumamente delicado, no por los peligros que de ella se entrañan, sino por el tabú que se encuentra en la ciudadanía. Nos hemos creado la imagen de los servidores públicos como si fuesen deidades intocables, irreprochables y verdaderos senadores en un mundo de idiotas. Tal vez hemos creado esa imagen porque ellos han comprendido de primera mano las medios y los modos de utilizar su discurso para el dominio de las masas. Nosotros, “simples mortales” ante ellos, aún no lo hemos comprendido.
No hemos comprendido el verdadero significado de “escuchar para entender” a nuestros hermanos, porque siempre hemos hecho caso omiso a lo que pretenden decirnos y nos encontramos preparando una respuesta hueca. No hemos comprendido como mexicanos que “escuchar” es mucho más que atención: Es empatía ante su posición, comprender el origen de su discurso para poder meditar su anhelado presente con mejores oportunidades. “Eso está cabrón”, dice la población, pero es lo que necesitamos para poder desarrollarnos como parte cardinal del país.

Con tanta historia percibida, considerar una disrupción en los paradigmas políticos establecidos parece algo sumamente difícil de alcanzar. Difícil, pero no imposible…

Difícil, porque el sistema político mexicano ha sido construido con cimientos de poder, convicción y egoísmo individual. Imposible, jamás… Afortunadamente, ese “chip” de la política mexicana de vieja escuela está siendo desplazado por uno donde impere la inclusión, transparencia y desarrollo integral ciudadano, mayor cercanía política y mayores cuestionamientos públicos. Esto, claro, agita las sillas de los caudillos apoltronados en el poder, evitando a toda costa que este cambio se consuma. La realidad es que cada vez somos más las personas que buscamos una política discursiva, disruptiva y racional para toda la ciudadanía. Una política donde verdaderamente se trascienda y no se espere la llegada de otro $ervidor para mendigar resultados.


Discutir con Razón y el Reto Futuro

La acción y arte de discutir ha sufrido constantes transformaciones a lo largo de nuestra historia. Discutir (lamentablemente) se ha reducido a una acción meramente de exposición de egos, demostración de poder coercitivo y se comienza a dejar a un lado la naturaleza trascendental de ella: Un consenso de ideas entre distintas partes integrantes para el desarrollo pleno de un “todo”.
Se considera sumamente alarmante el hecho que los líderes nacionales e internacionales no se han dado a la tarea de recuperar el valor perdido del discurso, promoviendo así la imposición de decisiones, en lugar de verdaderamente discutirlas y realizar un verdadero consenso entre las partes involucradas.

Una verdadera política discursiva actualmente es muy difícil de alcanzar gracias a la acrecentada crisis de valores presente en la ciudadanía global. Los medios de comunicación son el ejemplo bruto de falta de diálogo entre actores públicos y, entre muchos lamentables ejemplos más, nos demuestran que la filosofía comunicativa propuesta por Jürgen Habermas se encuentra en peligro de extinción: Una extinción justificada e imprevista para la consciencia humana.

El actual reto es recuperar nuestro verdadero sentido de la comunicación, interacción y análisis de lo expresado por todas las partes involucradas; refutarlo todo y cuestionar desde lo más mínimo hasta lo más complejo. Se encuentra en la juventud el reto de recuperar esos valores, la generación de nuevos y mejores líderes políticos y recuperar nuestro verdadero Ser comunicativo a través de un asertivo uso del Discurso.

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