Ensayo| López Obrador: un viaje como héroe literario




Alejandro Rodríguez Castillo. Egresó de la carrera “Lengua y Literatura Hispánicas” por parte de la FES Acatlán, UNAM. Se ha desarrollado en el ámbito creativo, docente, académico y editorial. Su obra se leyó y escuchó en múltiples espacios del país. Publicado en diversos sitios electrónicos y físicos. Autor de dos libros publicados: “Dione: la gran batalla contra el drakón” y “Bestiario de las siete creaturas soñadas”; y un poemario a punto de ver la luz.



López Obrador: un viaje como héroe literario

Los héroes mexicanos distan mucho de aquellos reflejados en los comics con sus ropajes coloridos, capas y súper poderes. En México, nuestros héroes son de carne y hueso, muchas veces parten de una realidad tangible e histórica: Cuauhtémoc, Hidalgo y Zapata, incluso aquellos más ficcionales como El Santo fueron, en su momento, personas de carne y hueso. Con el paso del tiempo vamos idealizando a estos personajes y no sólo les construimos estatuas y monumentos, sino que además los portamos en playeras, tazas o cuadernos, como si de un Spider-Man se tratara. 

Partimos de un ideal romántico que construye a un héroe como alguien que destaca del resto, lucha por la sociedad y su salvación. Los personajes históricos se vuelven personajes de leyendas, mitos y hasta novelas o comics. La frase “la realidad supera la ficción” se lleva a su máximo exponente porque nuestra ficción se basa enteramente en la realidad. 

López Obrador es quizá el personaje más mitificado de la historia política moderna. Tanto simpatizantes como opositores han ayudado a nutrir esta imagen casi irreal del tabasqueño. Lo llaman “Mesías tropical”, “AMGOD” o “Príncipe de Macuspana”, ya sea de forma irónica o con una verdadera idolatría. El ente “AMLO” ha pasado de ser una persona de carne y hueso a un personaje literario. Sin embargo, esto no es gratuito, pues el mismo Andrés Manuel ha construido su propia imagen en torno al luchador social inquebrantable. 

Proveniente de un pueblo humilde de Tabasco, víctima del totalitarismo priísta del cual lo exilió, desplazó y atacó por muchos años junto con la prensa vendida, los burgueses y los opresores del pueblo. AMLO es el prototipo de héroe romántico: un paria de la sociedad corrompida, nacido del pueblo y que viene del mismo para salvarlo. 

Todo héroe tiene un objetivo, el de Andrés Manuel era llegar a la presidencia. ¿Quién se le oponía? La terrible Mafia del Poder que le arrebató la presidencia dos veces, lo persiguió y lo victimizó. El PRIAN, al gobernar durante tantos años y hacer todo el daño que le hizo al pueblo con su privatizaciones, masacres, guerras contra el narco, corrupción y autoritarismo, no hicieron otra cosa que autoconstruirse en la figura de “los malos” que debían ser vencidos por la fuerza del súper héroe mexicano. 

Obrador tomó los elementos que le convenían para crearse: la persecución del desafuero, las protestas en su natal Tabasco, la crítica al régimen totalitario; y ocultó o buscó borrar del imaginario colectivo aquello que le perjudicaba: su relación con los Abarca, el plantón en Reforma y su discurso, en ocasiones, contradictorio. La estrategia le funcionó y hoy podemos verlo en playeras, taza, llaveros y hasta calcetas, productos vendido afuera del Estadio Azteca que su imagen llenó como si se tratase de una estrella de rock. Aunque, si lo vemos desde una perspectiva realista, Andrés Manuel es un ser humano con errores y virtudes. 

El primero de julio del 2018 ganó las elecciones con un histórico 54%. Desde entonces se ha puesto a trabajar como ningún otro presidente electo lo había hecho. Aprovechó que las leyes se modificaron y los candidatos de su partido, MORENA, ahora son mayoría en las cámaras de diputados y senadores, para anticiparse a su toma de posesión. Lleva seis meses preparando el terreno para cumplir sus promesas de campaña: la cancelación del NAIM en Texcoco, quitarle la pensión a expresidentes y la legalización de las drogas son parte de sus propuestas más aplaudidas, aunque criticadas por la oposición, pero sus mismos simpatizantes le han criticado decisiones como la creación de una guardia-militar nacional o el supuesto perdón a políticos corruptos. 

A pesar de esto, Andrés Manuel mantiene su imagen de héroe literario y la piensa reafirmar el primero de diciembre frente a un Zócalo capitalino que va a gritar su nombre. El luchador de Tabasco, defensor de las causas nobles celebrará el término de su viaje y la sublevación de su batalla, pues alcanzó su último objetivo: ser presidente de los Estados Unidos Mexicano. ¿Y ahora, qué sigue?

Si continuamos nuestro análisis del próximo presidente como un personaje literario, podríamos poner en práctica lo que dice Joseph Cambell en su texto El héroe de las mil caras. Una vez que nuestro héroe haya conseguido su objetivo, en este caso la presidencia, deberá establecer un equilibrio entre lo material, que es el poder del cargo, y lo espiritual, es decir sus ideales. Sin embargo, existen seis posibles desenlaces del héroe, aunque  para nuestro personaje AMLO nos interesa enfocarnos en dos: el tirano o el redentor. 

El tirano es aquel héroe que perdió el equilibro y sucumbe a su humanidad, en este caso el poder. Y así como le pasó a Anakin Skywalker al final del Episodio III de Star Wars, se convierte en lo que juró destruir o a veces hasta se vuelve peor. Sería en este escenario donde la cuarta transformación se convertiría en lo que tanto se teme: una dictadura más terrible que la del viejo PRI.

En cambio el redentor es el que logra vencer por completo a su antiguo enemigo y toma su lugar pero de forma positiva. En este caso, nuestro  héroe equilibraría su poder con sus ideales para realmente transformar su realidad hacia algo justo y convertirse en aquel que todos esperaban para lograr un retiro espiritual al final de su mandato.

La realidad es más complejo que esto y no me atrevería a decir que el destino de nuestro país, y del futuro presidente, se encuentra sesgado al análisis de un personaje literario. Al final de cuentas, el país verá cambios políticos tanto positivos como negativos y es difícil deducir hacía dónde se equilibrará la balanza, en especial con alguien tan cámbiate como lo  Andrés Manuel en la presidencia. 

El final no está escrito, el país tampoco es una novela y Obrador no es un personaje literario, aunque en ocasiones, al prender la televisión y abrir el periódico pareciera que estamos viendo una extraña película o un extraordinario libro cuyo final pinta para dejarnos con la boca abierta.   

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