Ex rector José Narro: el PRI, no tiene acta de defunción



Ciudad de México

Al poner fin a 40 años de servicio en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), José Narro Robles ya se encuentra listo, preparado y comprometido para competir por la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Mi partido va tener acta de nacimiento. No tiene acta de defunción, ¡no la tiene, vuelvo insistir! Es un partido histórico, un partido sin el que yo no podría entender la democracia mexicana.

Su narrativa política, dirigida a los militantes priístas, se enfoca en ofrecerles congruencia y honradez. Y como oposición su partido deberá ser maduro y propositivo.

Su estadía en las lides universitarias es tan larga como su pertenencia al PRI. Me afilié en 1973. También fui presidente de la Fundación Cambio XXI. Para mí, el PRI es uno de los partidos fundamentales de México, insiste.

Sentado en la sala de su casa en la colonia San Miguel Chapultepec, a la que se ingresa cruzando un estudio con infinidad de libros y objetos personales, y las paredes cubiertas de decenas de óleos, el ex rector de la universidad se emociona –aguanta las lágrimas– cuando confirma su retiro de la actividad académica, para concentrarse en su afán político: ganar la elección abierta a los militantes del tricolor.

–El PRI es también el partido identificado con los Duarte [Javier y César], con Borge. Los más jóvenes han conocido del PRI denuncias de corrupción, podredumbre política –se le plantea.

–No sólo en un partido, no sólo en una institución, no sólo en el sector público, en el privado, en el social, donde sea tenemos que luchar contra la corrupción. No es un mal moderno. Desafortunadamente ha estado presente a lo largo de mucho tiempo. En el PRI la gran mayoría de la militancia, la gran mayoría de los dirigentes no tienen que ver con la corrupción.

–¿En qué momento se pierde el PRI y empieza a alejarse de su ­militancia?

–Un partido político tiene también la obligación de ser flexible, la obligación y la responsabilidad de cambiar, como cambia la sociedad. Por muchos años fue un partido casi único, pero fue un partido que entendió que tenía que haber una renovación, una apertura, francamente una democratización del país, y el PRI estuvo presente.

Al recordarle que su partido obtuvo casi 10 millones de votos en la pasada elección, el doctor Narro comenta sobre los triunfos y derrotas en el vigente sistema de partidos. “Son los vaivenes de la democracia: ganar-perder, hacerlo en paz y en libertad, alternancias –en plural– en todos los niveles.

Tenemos que hablar hacia dentro del partido, con la militancia, ganar confianza, ganar credibilidad, transmitir identidad y orgullo, porque hay motivos para estar insatisfechos, pero también los hay para estar orgullosos. Hablando, pensando, diciendo y haciendo.

–¿Qué provocó la peor debacle electoral del PRI?

–Uno tiene que reconocer que hay fenómenos en el mundo que están dificultando que los gobiernos ganen elecciones. Me parece que el PRI, como parte de las lecciones, tiene que aprender que en la vida, y la política casi nada, salvo el final, es para siempre.

–¿Qué deja de lección esa ­derrota?

–Tenemos que saber comunicar más lo que hacemos, comunicarlo bien, tenemos que saber argumentar; tenemos que saber hablar con la gente, tenemos que tener una mayor capacidad de escuchar a la gente. Y tenemos que aprender también que a veces se tienen que tomar decisiones que son muy difíciles, que son incluso anticlimáticas, pero que el desarrollo de una nación lo requiere.

–¿El PRI tiene acta de defunción o tiene acta de nacimiento?

–Tiene que haber una gran discusión y una gran transformación para que tengamos el acta de nacimiento de un PRI diferente, fortalecido, de un PRI nuevamente relacionado con sus causas y en la disposición de servir.

–¿Cómo va a enfrentar la nomenclatura, expresión tan poderosa?

–Estoy absolutamente convencido de que la negociación, más en la política, tiene fundamental importancia: negociación y transparencia, negociaciones de las cuales puede uno salir a rendir cuentas, negociaciones que permitan resolver problemas y no sólo posponer la solución que se requiera; hacer negociaciones decentes.

–Meterle al PRI honorabilidad, honradez, decencia, solidaridad, ¿parece una tarea muy difícil?

–Y le agrego otra: congruencia, porque hacer un buen discurso, señalando esas condiciones no es muy difícil, lo difícil es demostrarlo en los hechos que uno puede tener algunas de esas condiciones, que uno cree que puede tener esas condiciones. Uno debe ser congruente, uno no puede serlo sólo de palabra, tiene que serlo en la acción.

–En el artículo publicado en este diario –el pasado viernes–, anuncia la determinación de renunciar a lo que siempre fue su vida profesional: la academia, pero habla de incomprensiones y reproches. ¿A qué se refiere?

–Es que conozco a los seres humanos y reconozco que soy diferente a muchos. Entonces, para mí representa algo complejo dejar la universidad, sí, sin duda, muchísimo; ha sido algo muy difícil para mí. Pienso en mi país, porque creo, puedo estar equivocado, veremos los resultados, pero creo que puedo ayudar.

“Hay gente que rechaza rotundamente al partido, que está en desacuerdo completo a veces en lo ideológico, en ocasiones por los comportamientos de algunos de sus militantes, gobernantes; por eso cuando una persona dice ‘yo milito en el PRI’, viene una ­incomprensión.”

–¿El próximo dirigente del PRI tiene que ser honorable, irreprochable, digno?

–Estoy convencido. La autoridad moral no se la da uno a sí mismo, la honorabilidad sí, la lealtad, también lo sabe uno, pero hay otras condiciones que se las conceden los demás.

–¿Qué ruta vislumbra para el PRI en condición de oposición?

–Uno no tiene que apostar contra México, uno no tiene que apostar contra las instituciones del país. México necesita que los políticos discutan, debatan, pero acuerden, lo que el país necesita, que negocien de cara a la sociedad. Que puedan hablar con su verdad.

Nos toca ser oposición frente al gobierno federal, pero eso no quiere decir que somos absolutamente contrarios, ¡no!, necesitamos trabajar juntos por México. Tiene que ser una oposición madura, inteligente, racional, y yo le agregaría unas cosas: franca, honesta, veraz, propositiva.

–¿Es posible el éxito electoral del PRI, si no se separa de las fuerzas que lo llevaron al estado de crisis política actual?

–Muchos de los que forman parte de ese grupo por el que nos califican a todos de una manera no conveniente, esos no deben estar, deben estar incluso, donde están. Pinto mi raya todos los días de gente –en todas partes– que tenga esas conductas. Yo me lo he demostrado a mí mismo todo el tiempo.

–¿En el PRI hay voces que se oponen al proceso abierto de elección de dirigente?

–Esta es una primera llamada. Yo estoy listo, yo quiero. Me entusiasma la idea, estoy motivado. Me gusta servir y en la política tiene que haber servicio o no es política. Quiero servir. Al final, para mí la gran representación es México. Cuando uno toma una decisión de vida, uno tiene que ser congruente, hacer lo que piensa, ser como es, escuchar a muchos, pero uno tiene que ser como es, tiene que ser uno, no ser lo que otros quieren que uno sea, porque entonces uno pierde ­objetividad.




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