La congresista musulmana que ha desatado una tormenta en Washington




La demócrata Ilhan Omar, de 37 años, llegó como refugiada somalí a Estados Unidos. Divide a su partido por las críticas de antisemitismo que recibe.

La niña que una vez fue una refugiada de la guerra civil de Somalia en un campo de Kenia es hoy una mujer de 37 años que ha llegado al Capitolio de Estados Unidos en las últimas elecciones legislativas. Lo hace representando a Minnesota, el Estado que le dio acogida cuando llegó al país en 1995. 


Musulmana que se cubre con un hiyab, la presencia de Ilhan Omar obligó a derogar una norma que imperaba desde hace 181 años por la que se prohibía llevar la cabeza cubierta dentro de las Cámaras del Congreso.

Su aterrizaje en la escena política de Washington ha dado lugar a declaraciones de principios —“nadie pone un pañuelo en mi cabeza excepto yo misma, es mi elección”, declaró Omar en noviembre—; ataques islamófobos —se colgó un cartel en el Capitolio de Virginia Occidental con una foto suya junto a las Torres Gemelas con la pregunta: "¿Ya nos hemos olvidado?”— y varias polémicas por comentarios considerados antisemitas que están a punto de concluir este jueves en una resolución en el Congreso que condene esas prácticas. Esto último ha causado una tormenta en el Capitolio y ha dividido a su partido.

Omar comenzó su trabajo en Minnesota dentro del campo de la educación para posteriormente iniciar su carrera política haciéndose cargo de las campañas de algunas concejalías y trabajando como asesora de algunos políticos de aquel Estado. En el año 2016, logró una gesta: entró en el Capitolio estatal tras desalojar en las primarias del Partido Demócrata a Phyllis Kahn, que ocupaba el cargo desde 1973. Su tono combativo no ha cesado desde que llegó a la capital de la nación. Como miembro de la comisión de Exteriores, Omar interrogó con dureza a Elliott Abrams, el representante del presidente Donald Trump para Venezuela. En un condensado resumen, la congresista reprochó al halcón de las Administraciones de Ronald Reagan y George W. Bush (hijo) su papel durante la década de los ochenta tanto en el escándalo de la venta de armas a Irán para financiar a la contra nicaragüense como en el trato que dio a la masacre de El Mozote durante la guerra civil en El Salvador (Abrams calificó entonces de propaganda comunista el informe que cifraba en 800 los civiles muertos, entre ellos niños, a manos de tropas entrenadas por Estados Unidos).

En todo el sentido de la palabra, Omar es una activista política. Junto a la otra congresista musulmana del Congreso, la también recién elegida Rashida Tlaib, de origen palestino, esta mujer madre de tres hijos apoya el movimiento contra Israel conocido por sus siglas en inglés como BDS (Boycott, Divestment and Sanctions: boicot, desinversión y sanciones). Sobre ese tema, el líder republicano en la Cámara, Kevin McCarthy, consideró ofensivos algunos comentarios hechos por ambas mujeres y lo reflejó en su cuenta de Twitter.


Y allí empezó la furia política, en Twitter, donde suelen comenzar todas las batallas dialécticas en la era de Internet, cuando el presidente del país no da ruedas de prensa pero se despacha a gusto sobre cualquier asunto en 280 caracteres. Ilhan Omar escribía con una frase sarcástica en la red social que los colegas republicanos de McCarthy apoyaban a Israel movidos por intereses económicos. “Es todo por los benjamines, baby”, contestó Omar a McCarthy (usando el título de una canción con el término coloquial por el que se conocen a los billetes de 100 dólares en EE UU).

Para entonces, con el foco mediático sobre ella, ya había salido a la luz otro comentario controvertido de Omar de 2012 en el que declaraba que Israel “había hipnotizado al mundo”. Trump pidió que dejase su escaño en el Congreso, además de abandonar de inmediato su puesto dentro del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara. El presidente declaró: "Es un día oscuro para Israel”.

Eliot Engel, judío y veterano legislador por Nueva York, consideró “inaceptable y profundamente ofensivo cuestionar la lealtad de los ciudadanos estadounidenses por sus opiniones políticas, incluido su apoyo a las relaciones entre Estados Unidos e Israel”. El presidente demócrata de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes zanjaba así las críticas de Omar hacia “la lealtad a un país extranjero” de responsables políticos y algunos grupos de presión (concretamente la organización Aipac, máximo exponente de los lobbies israelíes), en referencia a Israel.

Entonces, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, entró en acción y firmó una declaración junto a otros líderes demócratas en la que condenaba las declaraciones de su colega de partido. Pelosi se reunió con Omar, le explicó algunas cosas sobre la etiqueta del Congreso que iban más allá de la vestimenta y la congresista se vio obligada a disculparse y a borrar los tuits considerados antisemitas.


Pero la semana pasada, la polémica volvió a resucitar durante una charla en Busboys & Poets, una conocida librería de Washington, donde Omar criticó la política exterior norteamericana. Pero en esta ocasión, la congresista no se va a disculpar y en las redes ya existe un hashtag en su apoyo: #IstandwithIlhan. “Oponerse a [el primer ministro israelí Benjamín] Netanyahu y a la ocupación [de los territorios palestinos] no es lo mismo que ser antisemita”, escribió Omar el domingo pasado en Twitter.

Mientras tanto, el texto y voto de la resolución contra el antisemitismo habían quedado parados debido a fisuras dentro del Partido Demócrata. Se espera la votación para este jueves. Ahora más que nunca se ha hecho evidente la fractura entre los viejos pesos pesados y el ala más joven del partido, donde despunta, además de Omar y Tlaib, la nueva estrella adorada de la política norteamericana, Alexandra Ocasio-Cortez (AOC, en las redes sociales).

Ocasio-Cortez considera que la resolución es una medida extrema que solo debería adoptarse cuando en repetidas ocasiones se ha llamado la atención sobre un asunto importante a alguien pero no ha cejado en su conducta. Este no es el caso de Omar, según la congresista de Nueva York. “Ilhan ha demostrado su deseo de escuchar y trabajar con otras comunidades en sus declaraciones”, ha dicho Ocasio.

Si en la primera oleada de embestidas Ocasio mantuvo un perfil discreto en defensa de Omar, en esta ocasión se ha convertido en su escudera. La congresista cargada de idealismo explicó a través de su cuenta de Twitter que tanto en esta Administración como en todas las otras “se deberían frenar no solo los comportamientos antisemitas, sino también los que van en contra de los afroamericanos, los homófobos, los racistas y cualquier otra forma de odio”.




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