El problema no es el pago, el problema es el chayote


Por Alejandro Rodríguez

El pasado jueves 22 de mayo se reveló por la noche una lista de treinta y seis periodistas que recibieron dinero por “serviciosespeciales” durante el gobierno de Enrique Peña Nieto. De inmediato se hizo un revuelo en las redes sociales y el viernes los noticieros despertaron con esta nota.

Muchos de los periodistas aludidos publicaron en sus redes sociales o en comunicados oficiales que el dinero recibido había sido por publicidad, lo cual no tiene nada de malo y, en teoría, no pone en riesgo el ejercicio periodístico. Cada que prendemos la radio y la televisión, vemos que el gobierno arregló tal puente o destinó cierta cantidad de dinero a hospitales; esta es la publicidad que se está pagando y sirve para que usted y yo sepamos qué hace el gobierno con nuestros impuestos.


Esta práctica se ha realizado durante años y beneficia a los medios de comunicación pues es una manera de obtener ingresos. Es comparable a sí se transmitiera el comercial de un refresco o un detergente en especial, es publicidad y ya. Un mal necesario, pues muchas veces es la única manera que tenemos de enterarnos de los avances gubernamentales.


Hasta aquí todo bien e incluso es comprensible porqué ciertos periodistas de la lista ganaron más que otros: entre más importante es el noticiero, más cara sale la publicidad porque más gente la ve… en fin, en pocas palabras esto es normal. Además, no olvidemos que el gobierno de Enrique Peña Nieto hizo un gasto excesivo en publicidad desde la campaña electoral. Todos los datos arrojados y la justificación de los periodistas hacen el caso algo entendible, pero, en conferencia de prensa, el actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, dijo que la lista publicada era un gasto aparte del de la publicidad oficial.


Esto, por supuesto, nos lleva a un debate más profundo. ¿Un gasto aparte? ¿De qué tipo? El periodista Raymundo Riva Palacios dijo que esta “es una campaña orquestada desde hace casi 10 meses para desacreditar periodistas”. El historiador Enrique Krauze, uno de los más críticos contra el gobierno actual, dijo que esta polémica “es muestra evidente de intolerancia, persecución y mala fe”. Este último explicó que muchos de los recursos publicados en la dichosa lista fueron destinados a documentales de cultura e historia. Además, según él, todo el dinero pedido estuvo dentro de lo establecido por la ley (porque también es normal y común pedirle apoyo económico al gobierno para producir material de cultura. ¡Vaya! ¡Qué para eso están nuestros impuestos!).


A pesar de estas justificaciones, creo que las pruebas deben ir más allá. Las declaraciones del actual presidente ponen en duda el destino de dicho dinero, en especial si dice que es un recurso para fines “diferentes” a la publicidad oficial. Si el dinero se utilizó para grabar documentales como lo dicho por Krauze, entonces que haga públicos los gastos realizados para poder cotejarlos con la lista y asunto resuelto. Aunque, en teoría, ese dinero iría en los gastos en cultura y no en los de “servicios aparte”. Por otro lado, ¿y los demás periodistas? ¿Para qué utilizaron ese dinero? El cual es excesivo y por lo tanto lleva a la duda ciudadana, porque ya saben lo que dicen: “no muerdas la mano de quien te da de comer”.


Y es que la práctica del “chayote” (como se le conoce comúnmente) es un secreto a voces en nuestro país. Dicha práctica radica en presentar noticias benéficas para el gobierno en turno. Algunas veces se omite información, se disfraza o, en últimos de los casos, se miente descaradamente. El ejemplo más claro es lo ocurrido durante las elecciones del 2012 donde Enrique Peña Nieto fue abucheado por un montón de estudiantes de la Universidad Iberoamericana. Al día siguiente, diversos medios de comunicación anunciaban el suceso como un encuentro “exitoso” que se vio manchado por un montón de “porros ajenos a la institución”. De inmediato, los estudiantes críticos lanzaron videos y fotografías donde constataban estar inscritos a la Ibero y ser críticos a la campaña mediatizada del polémico Peña Nieto.


Y como ese hay muchos ejemplos de información disfrazada u omitida a conveniencia de los gobiernos: el 68, el 71, Ayotzinapa, las elecciones del 2006 del “haiga sido como haiga sido”, los reportajes de Miguel Alemán (quien además aparece en la lista) que son amarillistas o con información omitida a conveniencia para presentar una crítica mal fundamentada. Otros ejemplos son todos esos noticieros que “convenientemente” no hablaron sobre la famosa lista que explotó en las redes sociales.


Como ya dije, la cultura del chayote es un secreto a voces en nuestro país. Dicha práctica ofende porque mientras algunos reporteros arriesgan, literalmente, sus vidas al ser críticos con gobiernos como el de Duarte, personas como Joaquín López Dóriga, quien está cómodamente en su escritorio de Radio Fórmula, reciben más de 251 millones de pesos en gastos “de otros servicios” (ya no decir de Cayo de Hacha que recibió casi 48 millones de pesos). 


Por eso, los nuevos medios digitales de comunicación como Canal Informativo, por donde ahora escribo este ensayo, resultan fundamentales para la construcción de un mejor país Pues el saber es poder y mientras generemos una opinión informada y crítica, podremos tomar mejores decisiones como sociedad política.









#OPINIÓN  #PERIODISTAS #CHAYOTE
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