Ricardo Roselló renuncia al gobierno de Puerto Rico

Ricardo Rosselló anunció su renuncia como gobernador de Puerto Rico este miércoles 24 de julio, al reconocer que no podía mantenerse más tiempo de manera creíble en el poder después de que un levantamiento popular extraordinario y un proceso de destitución en ciernes habían descarrilado su gobierno.

PUERTO RICO

A través de un video emitido en línea la noche del miércoles, Rosselló, de 40 años, dijo que abandonaría el cargo el próximo 2 de agosto.

Dijo que su sucesor por el momento sería la secretaria de Justicia, Wanda Vázquez, una exfiscala que alguna vez lideró la oficina de asuntos de la mujer de la isla. En la constitución, Vázquez es la siguiente en la sucesión después de que el secretario de Estado, que habría sucedido al gobernador, renunció la semana pasada al verse involucrado en el escándalo de chat que envolvió al gobierno de Rosselló.

Pero pareció dejar abierta la posibilidad a que exista otro sucesor para cuando abandone el cargo.

San Juan, la capital, que había visto a los manifestantes llegar a pie, a caballo e incluso en vehículos acuáticos durante la semana pasada, estalló en celebraciones después del anuncio de Rosselló. La gente vitoreó en las afueras de La Fortaleza, la residencia oficial del gobernador. Golpearon tambores, panderetas y cacerolas, no con enojo sino conalegría. “No somos un grupo pequeño. ¡Somos Puerto Rico!”, cantaban.

El gobernador empezó su anuncio citando algunos de los logros de su gobierno, entre ellos la aprobación de un presupuesto balanceado sin despidos de empleados del sector público, combate a la corrupción, crecimiento económico positivo y reducción de impuestos. “Aumentamos el salario de los maestros en medio de la quiebra”, dijo.

El anuncio de Rosselló se dio varias horas después de que el presidente de la Cámara de Representantes puertorriqueña, Carlos J. Méndez Núñez, dijera que los legisladores estaban listos para empezar un proceso de impeachment (juicio político o proceso de residenciamiento) y que contaban con suficientes votos para iniciar el procedimiento para remover al gobernador del cargo. De acuerdo con Méndez Núñez, las audiencias para el juicio político empezarían ya la próxima semana.

Rosselló es el primer gobernador en renunciar desde que los puertorriqueños comenzaron a elegir a sus gobernadores, en 1947. Se esperaba que buscara la reelección en 2020.

La extraordinaria caída de Rosselló ocurrió después de más de una semana de fervientes protestas públicas que exigían su salida.

Las manifestaciones fueron detonadas por la filtración de un chat grupal privado en la aplicación de mensajería Telegram que reveló conversaciones vulgares entre Rosselló y sus colaboradores cercanos, y señalaron una posible conducta inapropiada dentro de su círculo. Sumados a los recientes arrestos de seis personas, incluidos dos exfuncionarias de alto nivel, por cargos federales de corrupción, las casi novecientas páginas filtradas encendieron la indignación pública contra el gobernador, que los manifestantes ridiculizaron en cánticos rítmicos al llamarlo Ricky.

A pesar de que el gobernador se aferró a su cargo, se volvió cada vez más difícil sostenerse en él. Tanto su jefe de Personal como quien estaba a cargo de la Administración de Asuntos Federales de Puerto Rico en Washington renunciaron el 23 de julio. El jefe de Personal dijo que no podía soportar más las amenazas dirigidas a su familia; el representante en Washington dijo que los acontecimientos recientes eran opuestos a sus principios.

Horas después, uno de los principales donadores al partido publicó una carta en Twitter en la que solicitó que Rosselló renunciara.

La Cámara de Representantes de Puerto Rico pidió a un pánel de juristas que revisara si había bases legales para un proceso de destitución. El Senado afirmó tener suficientes votos para remover al gobernador.

El gobernador y su esposa intentaron con ahínco a lo largo de la semana dar la impresión de que las cosas transcurrían con normalidad: la primera dama publicó en línea fotografías de su visita a un refugio de mujeres el 22 de julio, pero los directores del albergue le solicitaron públicamente al día siguiente que retirara las fotografías de su cuenta. El gobernador publicó fotografías de reuniones con su personal, mientras los manifestantes protestaban con furia en las calles.

El escándalo tomó tonos potencialmente penales el 23 de julio cuando el Departamento de Justicia de Puerto Rico confirmó que se habían ejecutado órdenes de allanamiento para confiscar los celulares de varias personas que participaron en el chat.

El Colegio de Abogados de Puerto Rico emitió un informe en el que indica que siete delitos potenciales habían sido revelados en el chat, incluida una amenaza implícita contra la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, así como posibles hechos de desvío de recursos, conspiración, revelación de información privada e intento de despido con base en creencias políticas.

Sin embargo, el clamor en las calles tiene bases más profundas que el chat: los puertorriqueños llegaron al hartazgo después de años de malos manejos financieros y la deficiente respuesta ante el huracán María, que devastó Puerto Rico —un Estado libre asociado de Estados Unidos— en septiembre de 2017, nueve meses después de que Rosselló asumió el cargo. El gobierno puertorriqueño estima que alrededor de tres mil personas murieron.

En el chat, uno de los colaboradores de Rosselló bromeó acerca de usar el exceso de cuerpos en las morgues de la isla como carnada para los enemigos de la administración: “¿No tenemos algunos cadáveres para alimentar a nuestros cuervos?“.

El descontento por los intercambios tan poco empáticos unió a los puertorriqueños de todas las clases, incluidos muchos que nunca antes habían protestado. Músicos populares consiguieron el apoyo de millones de fanáticos en redes sociales. Los artistas conocidos como Residente, iLe y Bad Bunny produjeron una canción de protesta, “Afilando los cuchillos”, que se convirtió en un himno de las manifestaciones en las calles. Cientos de miles de puertorriqueños aumentaron el nivel de las manifestaciones el 22 de julio al bloquear una autopista principal en San Juan.

“Estamos hartos de la corrupción, del abuso. Esto lleva décadas”, dijo Misael Correa Robles, de 26 años, un estudiante universitario de Carolina, Puerto Rico, que asistió a las protestas.

Los sorprendentes sucesos que llevaron a la salida de Rosselló fueron como un punto de inflexión después de que los puertorriqueños habían soportado años de dificultades económicas. La recesión económica en la isla ha durado más de una década. Cientos de miles de personas se han ido. La crisis por la deuda ha dejado al gobierno en bancarrota. El congreso puso las finanzas de Puerto Rico bajo del control de un consejo de supervisión federal. Después, llegó el huracán. Algunas personas estuvieron sin electricidad durante casi un año después de su paso.

Cuando las protestas surgieron, tanto en San Juan como en ciudades de Estados Unidos que son hogar de miembros de la vasta diáspora puertorriqueña, el gobernador se negó a abandonar su puesto. Dijo que en el chat grupal había actuado de manera inapropiada pero no ilegal y prometió que concluiría su periodo, que terminaría en 2020.

No obstante, a medida que las multitudes continuaban reuniéndose afuera de la residencia oficial, La Fortaleza, y conforme el descontento se extendía a otras partes de la isla, líderes desde San Juan hasta Washington retiraron su apoyo a Rosselló. Lo que lo dejó con dos posibles caminos a elegir: renunciar o enfrentar un largo y humillante proceso de destitución, orquestado por el Partido Nuevo Progresista —su propia agrupación— para retirarlo del cargo.

Rosselló intentó ganar tiempo al anunciar el 21 de julio que no buscaría la reelección y que dejaba el liderazgo de su partido. Sin embargo, con ello solo logró intensificar la determinación de las personas en las calles, que insistían en que solo su renuncia a la gubernatura sería suficiente.

Exhortos a la renuncia del gobernador llegaron de todos los lugares de la isla y desde Washington, donde los legisladores republicanos y demócratas dijeron que Rosselló había perdido tanta credibilidad que el congreso podría estar menos dispuesto a desembolsar asistencia federal importante para Puerto Rico. (Los partidos políticos de Puerto Rico no tienen la misma línea política que los en Estados Unidos. Rosselló es un demócrata en la política estadounidense, aunque muchos miembros del Partido Nuevo Progresista son republicanos).

El 22 de julio, El Nuevo Día, el periódico más grande de Puerto Rico, publicó un editorial en la primera plana con el titular “Gobernador, Puerto Rico pide su renuncia”.

La salida de Rosselló aparentemente pone fin a una dinastía política en Puerto Rico. Su padre, Pedro Rosselló, fue gobernador de 1993 a 2000; escándalos de corrupción plagaron su gobierno. Dichos escándalos no lo obligaron a renunciar, pero al parecer evitaron que ganara en un tercer periodo. Rosselló padre renunció al Partido Nuevo Progresista dos días antes de que su hijo renunciara a su cargo.



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